 |

|
|
 |

|
 |
|
|
|
|
|
|
|
 |

| Una doble extorsión | La dirigencia ruralista ha dicho que los productores volverán al paro y a la movilización, pero que por el momento “no cortarán rutas”.
Es como si la policía nos dijera que “por el momento no va a robar”. O como si los funcionarios de algún ministerio nos dijeran que “por el momento no vamos a aceptar coimas”.
Tal es el grado de distorsión en los usos, las prácticas y los valores, tan naturalizada está la transgresión y el incumplimiento de la ley, que ni el poder judicial ni el ejecutivo ni el legislativo son capaces de reaccionar ante estos anuncios extorsivos que utilizan como forma de presión las amenazas en la primera plana de los diarios.
El canal 7 de televisión, sostenido por el Estado, que se ufana en decir que es televisión pública, titula con naturalidad “el campo” en sus informativos, como si “el campo” tuviera una entidad y un significado unívocos, y como si la dirigencia ruralista de cuatro organizaciones fuera el único interlocutor válido para hablar de las demandas de los habitantes y los trabajadores del medio rural argentino.
A la vez, los ruralistas han caído en la celada (que anticipamos en otro Editorial) de ser señalados por el Gobierno como los únicos responsables de los aumentos de precios y la escalada inflacionaria de las últimas semanas.
Lo concreto es que el ciudadano “de a pie”, el que cobra un salario y ve alejarse día tras día artículos que son de primera necesidad, es víctima de una doble extorsión: la de los ruralistas por un lado (dentro de los cuales hay grupos que lo único que buscan es reducir las retenciones para acrecentar sus ganancias) y la del Gobierno por otro, que culpabiliza a los ruralistas y usa el fantasma de un nuevo lock-out para que el pueblo se resigne a aceptar el nuevo ajuste y los nuevos precios de los alimentos y los servicios.
También hemos dicho, en un Editorial anterior, que ambas partes están jugando con fuego, y que un estallido o un incendio social, en las actuales condiciones, podría tener consecuencias catastróficas.
Llegan horas de incertidumbre y faltan en la dirigencia eso que Ortega hubiera llamado "cabezas claras".
La Dirección
|



| Jugando con fuego | El Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, parece aquel general Alais a quien se enviaba a reprimir un alzamiento carapintada en Monte Caseros, la década pasada.
Los tanques del general Alais nunca llegaban, porque lo último que deseaba el gobierno de Alfonsín era un enfrentamiento en el seno del Ejército.
Las llamadas telefónicas que el secretario Moreno dice hacer a los supermercadistas “pidiéndoles” o “exigiéndoles” que retrotraigan los precios a los que había antes del conflicto agrario, son como la lenta marcha del general Alais, una mentira piadosa para tranquilizar a la gente.
Pero como dijimos en la nota editorial anterior, la bomba no ha sido desactivada y la gente, que tiene la percepción fiel de la escalada inflacionaria cuando va a hacer las compras al almacén o al mercado, saldrá muy pronto a manifestar sus descontento (y algo más) por el maltrato que recibe desde el Gobierno y desde la dirigencia empresaria.
¿Es esa la especulación de la Rosada? ¿Está esperando un “día de furia” para señalar como responsables del estallido a las entidades ruralistas que motorizaron el paro y los piquetes agrarios?
¿Está buscando un “clamor popular” o un “fundamento” para declarar la emergencia agropecuaria e intervenir con mano dura en los temas de abastecimiento, declarando ilegales los paros del campo?
Todo puede ser, pero lo cierto es que la ciudadanía se convierte en el “jamón del sándwich” de esta puja económica entre un Gobierno voraz, que usa el pretexto de la “redistribución” para recaudar y recaudar para las arcas que maneja discrecionalmente, y corporaciones insaciables que nos están dispuestas a ceder ni un palmo de las posiciones conquistadas en épocas de “laissez faire”.
Pronto se conocerá el nuevo índice de costo de vida del Indec (que por más oficialista que sea no podrá tapar el sol con un arnero) y entonces comenzarán a ajustarse las tarifas de los servicios y las tasas de interés del mercado crediticio. ¿Qué pasará entonces?
Reiteramos que éste es el momento para que la dirigencia, del oficialismo y de la oposición, se ponga a construir un acuerdo que garantice la estabilidad económica y la gobernabilidad política.
Caso contrario, si esperan de manera irresponsable a que el estallido se produzca, nadie puede prever sus consecuencias. Están jugando con fuego.
La Dirección
|



|
|



 |
|

|
|