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Nota | Actualidad | Opinión
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Estados Unidos: la recesión tan temida
Por Ernesto Federico Heitz
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Ninguno de los íconos políticos de los Estados Unidos se atreve a incursionar en el tema con la crudeza que los hechos revelan. Pero la recesión es una realidad, como afirma el economista Martin Feldestein y la crisis “podría ser la peor desde la segunda guerra mundial”.
El ciudadano estadounidense lo vive en su bolsillo: el dólar cae frente al euro y otras divisas, el quinto mayor banco de inversiones requirió auxilio, los embargos aumentan un 60 %, los consumidores pierden la confianza, cae el consumo y el petróleo siguió en alza en las últimas tres semanas.
El FMI , un organismo que no parece gravitar en el mundo como otrora, anunció la venta de 403 toneladas de reservas de oro para recuperar la liquidez. Además, asoma su rostro, cada vez más nítido, el fantasma de la inflación.
Para junio el crecimiento de los precios al consumidor acumularía una suba de 3,5 por ciento, debido a la persistente alza en el precio de los “commodities”, sobre todo el petróleo.
Según los especialistas, el mercado laboral perdió más de 232 mil puestos de trabajo en los tres primeros meses de este año y el número de solicitudes de empleo se mantuvo por arriba de los 350 mil en el mes de febrero, a estar de informaciones del Departamento de Trabajo.
Y quizá el mayor síntoma de inestabilidad es que la crisis hipotecaria
afecta a cientos de miles de ciudadanos y que los embargos crecieron en un 60 por ciento en un año, según Realty Trac, una empresa especializada en el sector hipotecario.
En una encuesta realizada por el prestigioso Wall Street Journal, el 71 por ciento de las consultoras de los Estados Unidos afirman que la economía más grande del mundo está en recesión.
Se dice que un 50 por ciento opina que “esta recesión puede ser peor que las crisis ocurridas tras los ataques contra las Torres Gemelas o a principios de los años 90, cuando finalizó la gestión de Bush padre”.
Los expertos afirman que la crisis se acentuará precisamente en este mes, o sea que ya está instalada fuertemente.
Si todo esto ocurriera en un país periférico o emergente, pasaría inadvertido, pero estamos hablando de la gigantesca economía estadounidense, que suma proximadamente 14 billones (es decir, millones de millones) de dólares, que equivalen al 25 por ciento del total de la economía mundial, nada menos que una cuarta parte de todo lo que se negocia en el planeta.
Trituradora de importaciones
Es prematuro hablar de las repercusiones que esta crisis puede provocar en el mundo, pero hay ciertos indicadores que permiten hacer conjeturas no muy optimistas.
Una gran recesión en los Estados Unidos tendría efectos incluso en China, cuyo superávit comercial en 2007, en su intercambio comercial con la Unión, alcanzó la cifra de 163 mil millones de dólares. También en Japón, e incluso en la Unión Europea, que no obstante la fortaleza del euro maneja notables superavits comerciales.
En total, los EEUU manejan el 15,5 por ciento de las importaciones de mercaderías a nivel mundial, o sea que son una especie de inmensa trituradora que absorbe importaciones masivas provenientes de otras potencias económicas y en general, del mundo.
Por lo tanto, actúa como un factor dinamizador o, como se dice, hace el papel de locomotora que tracciona el resto de la economía del planeta.
A la inversa, una desaceleración de la economía estadounidense y con más razón una recesión abierta, constituiría una mala noticia para las exportaciones chinas, japonesas y europeas, como las de muchos otros países.
Fruto de una desastrosa administración
A esto se llegó, entre otras causas, por el endeudamiento de la Unión, que durante el desastroso gobierno de George W. Bush creció alrededor de un 50 %, llegando a fines de 2007 a 9 billones de dólares, lo que representa el 65% del PIB del país.
Siendo una potencia tan importante, los Estados Unidos son, sin embargo, un país que vive incluso por encima de sus posibilidades, chupando permanentemente el ahorro del resto del mundo para sostener su gasto excesivo.
Hay sombras que se proyectan sobre el dólar y su derrumbe implicaría un empobrecimiento generalizado de la sociedad norteamericana, que se vería obligada a producir más y a financiar por su cuenta el consumo de sus familias, la inversión de sus empresas y sus brutales gastos militares que ascienden a los 6 mil millones de dólares. El panorama es sombrío y el desenlace muy incierto.
La Unión tiene un año electoral con las limitaciones que ello implica, el señor Bush sigue aferrado a su agenda antiterrorista y a su propia decadencia intelectual y, como dijimos al principio de esta nota, sus adversarios políticos mantienen un curioso silencio.
El resto del mundo es espectador de soslayo, pero nunca podrá ser ajeno y menos ahora, con la tan mentada globalización, a una estrepitosa caída de sus posibilidades de consumo y a una creciente desocupación.
No será como en la década del 30, pero sin ser agogeros, es para preocuparse seriamente.
Si no, que lo diga España, que ya sufre con estos extravíos del Imperio.
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